A menudo, de la combinación de dos elementos distintos, surge algo muy interesante. Así ocurre con la ilustración científica: viene a ser la utilización de recursos artísticos con un objetivo científico. La combinación entre ciencia y arte. Para dedicarse a ello, se necesita tener un buen conocimiento de la rama de la ciencia con la que se pretende trabajar (la que se quiere ilustrar) y, por supuesto, dominar las técnicas artísticas necesarias para ello (dibujo, volumen, color, escala, técnicas digitales, etc.). Por lo tanto, es una buena disciplina para los científicos con dotes artísticas.

Al hablar de la ilustración científica, mucha gente pregunta: ¿pero para qué queremos dibujar la naturaleza con objetivos científicos, si una buena fotografía siempre será más detallada que cualquier dibujo, y tenemos además microscopios y muchas técnicas para observarlo todo?

Bueno, en realidad no es exactamente así. Aunque la fotografía a veces es la mejor opción para mostrar algo, muchas otras ocasiones sólo una ilustración nos permite enseñar lo que queremos. Vamos a ver algunos ejemplos:

Elementos que no existen en el presente

Puede ser que pertenezcan al pasado: si queremos enseñar cómo eran un dinosaurio o un paisaje del período jurásico, la única opción que tenemos es la ilustración basada en los datos científicos que tenemos de aquellos animales y de aquella época. ¡Está claro que no podemos tomar una fotografía!

Esto también se aplica al futuro: se puede ilustrar la evolución futura de una especie, o cómo será el planeta debido al cambio climático dentro de varias décadas.

Procesos que ocurren demasiado rápido o demasiado despacio para que los podamos observar

Se puede ilustrar una reacción bioquímica, o la evolución de procesos geológicos que ocurren a lo largo de muchos miles de años.

Elementos que quedan más claros y se ven mejor con un dibujo que con una fotografía

Por ejemplo, se puede hacer una ilustración de una parte del cuerpo humano mostrando los órganos y sistemas internos, los huesos, las vísceras, los sistemas circulatorio, linfático y nervioso, etc. Aunque esto también se pueda fotografiar, un dibujo siempre nos permite mostrarlo de forma más clara e incluso resaltar lo que nos interese más.  

Elementos difíciles de observar

Por ejemplo, una especie rara de un animal marino que vive a mucha profundidad es muy difícil de fotografiar, y las fotografías que se pueden obtener puede que no muestren bien al animal. Una buena ilustración puede mostrarlo con mucha más claridad.

Estos son sólo algunos ejemplos, pero hay muchos otros casos en los que la ilustración científica resulta una herramienta no sólo útil, sino imprescindible. De hecho, casi todos los libros y artículos de ciencia contienen ilustraciones, ¡por algo será!

Sara Dallarés
Sara DallarésRedactora